Mi humilde petición

Sería de agradecer que cada cual deje sus comentarios en la entrada que crea oportuna...tanto los buenos como los no tan buenos. Así puedo hacerme una idea de cómo mejorar y en qué aspectos :)

sábado, 17 de diciembre de 2011

La mentira

Tenía las manos enredadas en el pelo más enredado aún, hecho una maraña de finas y encrespadas tiras color azabache, pues no había dejado de  pegarse tirones y de revolvérselo desde que había empezado a llorar.
De sus ojos brotaban delicadas lágrimas de cristal que formaban continuas cascadas de agua, sufrimiento y sal. Tenía ya los ojos más que enrojecidos de tanto llorar, su mirada, perdida en la lejanía de un horizonte sin marcar, sólo denotaba una honda tristeza difícil de erradicar; parecía que ya se hubiese rendido a lo que tanto la atormentaba, pues no quedaba ni un hálito de esperanza en sus apagadas pupilas.
Las lágrimas, que ya apenas salían con algo de fuerza, mojaban sus ya más que mojadas mejillas, siguiendo los senderos que ya habían marcado las primeras en salir, todas las que habían ido resbalando por aquellas mejillas desde hacía horas…y, a su vez, encabezaban y guiaban a la fila de lágrimas que aún estaban por caer.
Sus hombros se convulsionaron en un sobrecogedor sollozo.
Siguió llorando. Sus redondeadas mejillas, por lo general rosadas, estaban pálidas y churreteadas por las lágrimas, y las mangas de su camisa hacía ya rato que habían dejado de proteger la piel de sus brazos de la avalancha de lágrimas y mocos que le caían encima, pues tenía el rostro semienterrado entre los brazos, con los codos apoyados en las rodillas y las manos revolviendo aún su greñuda melena.
Nada en sus movimientos, en su llanto, nada en su mirada perdida, en la ausencia de luz de sus ojos…nada indicaba que pudiese volver a ser feliz otra vez, que su sonrisa fuese a ver la luz del sol ni siquiera una vez más.
¿Nada?
No, nada no: aún no he descrito sus labios.
Enterrados en el hueco que formaban sus brazos  y piernas con la barriga, sus labios, tan rosados como siempre, formaban una curva ascendente (quizás ligeramente menos pronunciada) que podría dar al traste con su fingido llanto.
Era, de entre todos los humanos, la única persona capaz de mentir con la mirada antes que con el resto de sus gestos: si su mirada era triste y sus ojos lloraban, su sonrisa le delataba; si reía a carcajadas y sus ojos brillaban, la curvatura de sus labios se invertía en una mueca de dolor y sufrimiento si era eso lo que en el fondo sentía. Tal había sido su empeño por no dejar que el resto del mundo leyese su alma a través de sus ojos, delatores universales de sentimientos escondidos, que hubo de olvidarse de controlar su sonrisa. Así fue como sus labios se convirtieron en su mirada, como sus ojos aprendieron el poder de la palabra y sus gestos se volvieron confusos para quien le rodeaba.
Así fue como engañó a la muerte, así ocurrió que engañó al amor. Aún engaña a la propia mentira y, si existiese, engañaría a Dios. Mas hubo alguien, algo, a lo que no pudo engañar jamás: a su propia alma, a su felicidad o dolor.
Vivió entre sollozos, murió entre soledad, y por medio hubo sonrisas de auténtica felicidad…mas su alma sigue virgen, pues sus ojos nunca contaron la verdad y, protegida entre mentiras, corrompió su realidad.


(Pido disculpas por los leísmos: no quería hacer distinción entre chico/chica para que cada cual imagine el género que desee)

domingo, 9 de octubre de 2011

Érase una vez que se era...

Érase una vez que se era,
en una mente muy lejana,
un diminuto ser 
que a los títeres jugaba.
Movía los hilos
una y otra vez,
jugaba con ellos,
los usaba a placer.
Trasteaba a cada lado,
los manejaba sin ton ni son,
los liaba sin pensarlo
y cortaba sin compasión.
Giraba las imágenes,
las llenaba de color…
las vaciaba de coraje,
las llenaba de dolor.
Manejaba con sus dedos
los hilos del amor
sin saber que con sus juegos
creaba confusión.
Divertía-se el personaje,
jugaba lleno de ilusión
machacando ilusiones,
pisoteando a la razón.
Dio-se cuenta con el tiempo
del mal de sus acciones
y de arreglarlas hizo intento,
sin buenas conclusiones.
Mil lágrimas lloró
por un daño mal causado…
y mil veces lamentó
el haberlo provocado.
Lloró y lloró
hasta caer escarmentado,
y sufrió y sufrió
por haberla destrozado.
El temor lo invadía,
la pena lo arrullaba,
y por miedo y cobardía
la cabeza agachaba.
Fue por esto que no pudo ver
que una nueva luz resurgía
y sigue aún sin creer
que el títere muerto, tiene vida.
Jugando y jugando
cegó-se de amor,
destruyó aquella mente,
privó-la de razón…
Mas olvidarse de la pena
la luz le devolvió,
fluyendo miedo por sus venas
la mente resurgió.
Ya no juega el titiritero
con los hilos del amor,
ya no juega, tiene miedo
de sufrir ese dolor.
Alegró-se la criatura
de su mente, de su don,
y usó-lo con cordura,
y la mente se curó.
Érase una vez que se era
un titiritero juguetón
que jugaba con los sueños
y solo se quedó.
Érase una vez que se era
un titiritero luchador
que luchaba por cumplirlos
y al final lo consiguió.
Y colorín coloriendo…
esto un sueño acabó siendo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Una pixi loca

Hace tiempo, muchísimo tiempo, en la era del Reino Blanco, convivían sobre la tierra todo tipo de seres, desde las sirenas hasta los fénix. Vivían bajo la monarquía de cierta reina, cuyo nombre no he de mencionar, confundiendo tiranía con bondad, cegados antes tan evidente verdad.
Ya fue contada la historia de las heroínas que salvaron la ciudad, y fueron contados relatos de hazañas sin igual….relatos sobre valentía, aventuras y quién sabe qué más, pero yo quiero centrarme en la historia de un bicho cualquiera, una minúscula pixi cuya única hazaña fue soñar.
Soñó que se convertía en una poderosa hada, en algo más que un bicho con voz aguda y un tanto irritante…ella quería ser una pixi con el poder de la magia, con la capacidad de conceder deseos. Con este deseo en mente se dirigió felizmente al castillo blanco, al encuentro de la tirana, para que esta le concediese su deseo, ya que sólo ella tenía poder suficiente para hacerlo.
Cuál sería su sorpresa al llegar a palacio, exponer su deseo…y ver que la mandaban encerrar en los calabozos por molestar a Su Real Majestad. Allí perdió la capacidad para volar, pues las celdas absorbían la poca magia que requería este proceso; allí su sueño la volvió loca.
Eran cientos de criaturas las que llegaban nuevas a los calabozos cada día, miles los humanos que ocupaban las celdas, humanos cuyo único delito era ser quienes eran y carecer de magia, tal era la tiranía de la vieja reina. Nadie sabía del paradero de los prisioneros, y pocos conocían de la existencia de estos calabozos, pues el que entraba ya nunca salía, y fuera de ellos sólo se oían rumores. Sólo la reina y sus súbditos más leales sabían que existía, dónde estaba y cómo acceder y salir de ella.
La pequeña pixi vagaba de celda en celda, dándose a conocer a todos los presos, aburriéndolos con sus historias de aventuras, las que pensaba vivir cuando saliese de allí y la reina la convirtiese en el hada más poderosa de todas. Su chillona voz sacaba de quicio a los ya más que desquiciados presos que pronto aprendieron a pasar de ella y su irritante vocecilla, pero ella nunca dejó de contar historias, nunca perdió la esperanza de salir y cumplir su sueño.
Cierto día, horas antes de que comenzase la guerra que librarían las heroínas antes mentadas, la reina encarceló a una de las hadas más poderosas de los 5 reinos que gobernaba, la única que no se dejaba gobernar…la que podía plantarle cara y poner en peligro su amado trono. El molesto bichejo llegó a la celda de la Reina de la Noche el mismo día en que esta fue encarcelada, y, sin demora, comenzó su molesta retahíla de aventuras que habría de vivir cuando ella fuese el hada más poderosa de todas. Sorprendentemente, la Reina de la Noche (conocida por su más que notoria falta de paciencia) cogió a la hadita entre sus manos, la escuchó con atención y dedicó su tiempo a peinar sus cabellos con suavidad. No soportaba su chirriante voz taladrándole los tímpanos sin descanso, ni siquiera le caía bien, pero se esmeró por mimarla como nunca hizo con su propia hija. La soñadora le cogió especial cariño.
Apenas unas horas más tarde, no llegaría a un día completo, todos los seres encerrados en las mazmorras comenzaron a sentir un calor horroroso, notaban cómo la temperatura subía a cada segundo que pasaba, y vieron con horror cómo comenzaban a abrirse grietas en el suelo de las que salían géiseres de lava. Ya perdida toda esperanza de que fuesen a sacarlos de allí, apareció uno de lo súbditos de la tirana… ¿para sacarlos? ¡Já! Malditos infelices…había ido sólo para regodearse al ver su final, para anunciarles que sus vidas estaban llegando a su fin, y que lo harían de la forma más inhumana: asados poco a poco en los hornos en los que se habían ido convirtiendo sus celdas. Las palabras del viejo de blanco quedaron atragantadas en su garganta justo antes de salir. Con cara de espanto, miró hacia abajo y vio un puñal atravesando su cuerpo y aún tuvo tiempo, antes de caer muerto, de ver a un joven y apuesto humano robando las llaves de su cinturón y abriendo las celdas. Lo que pasó al humano, a la Reina de la Noche y al resto de los presos, y cómo escaparon no tiene mucho que ver con la historia de la pequeña soñadora, así que obviaré esa parte.
Una vez recuperada la movilidad de sus alas largo tiempo entumecidas, la pequeña pixi emprendió el vuelo hacia tierras lejanas, sin rumbo fijo, huyendo de lo que en los dominios de palacio de acontecía. Largos años viajó atravesando galaxias, universos enteros, miles de soles y lunas que dejó atrás….o acaso fueron unos segundos los que estuvo en el aire y la trasladaron a otro lugar, quién podría decirlo. Hizo de sus harapientos trapos un lujoso vestido, y convirtió una ramita cualquiera, del tamaño de un alfiler, en su poderosa varita.
Anduvo de esta guisa de bosque en bosque, contando las aventuras de cómo ella sola se convirtió en el hada más poderosa, los detalles de su triunfal huída de las cavernas del infierno, y los miles de monstruos a los que había  derrotado desde entonces, añadiéndoles cabezas y ferocidad con cada nuevo oyente, y sin olvidarse nunca de mencionar a la bella dama de la Noche. Estaba un día contándose, por falta de un oyente mejor, esas mismas historias a sí misma, parloteando entre los arbustos alegremente y sin descanso, sin importarle que nadie la estuviese escuchando, cuando algo muy feo, muy grande y muy feo (es que era verdaderamente feo) cayó a unos centímetros de ella, haciéndola interrumpir su perorata, chillar y dar un brinco del susto, y esconderse entre las hojas. Al cabo de unos instantes, y no soportando su propio silencio, asomó la cabecita por entre las hojas del arbusto y, viéndose fuera de peligro, se acercó, varita en ristre, al pobre bicho que gimoteaba malherido en el suelo.
-Soy una pixi, pero me he convertido en el hada más poderosa de todos los tiempos y he matado a muchos como tú, y más grandes, y con más cabezas- informó a modo de saludo, apuntando al ojo de la bestia con su palito de madera. A continuación, se acercó valientemente al monstruo y sacó de un tirón la astilla que llevaba clavada entre las plumas que cubrían su cuello.
Malherida como estaba, la harpía (pues era una harpía) graznó de dolor, provocando un nuevo brinco, un nuevo chillido, y que la pequeña pixi huyese despavorida hacia su querido arbusto. Nuevamente aburrida de su propio silencio, volvió a asomar la cabecita por entre las hojas, confirmó que el bicho no se había movido del sitio y se acercó otra vez a él, apuntándole con su astilla. Cuando tuvo claro que no tenía intención de comérsela, se sentó delante de ella, cruzó las piernas, y comenzó su interminable palabrerío sobre las aventuras que decía haber vivido, su heroica escapada de las fauces de la muerte y de cómo todos la aclamaban y vitoreaban por sus incontables hazañas.
La harpía, que la miraba fijamente pero apenas la escuchaba, y que durante toda su vida había buscado su lugar en el mundo, pues era rechazada por el resto de las de su especie, tuvo una idea surgida de uno de los desvaríos de la pixi. Sin pensarlo un segundo, tomó en su pico, con delicadeza, el sucio y raído vestido de la hadita, que volvió a interrumpir su monólogo para chillar de miedo mientras se tapaba los ojos con sus dos manitas. Con cuidado, la depositó a su espalda, entre las alas, y emprendió el vuelo. Conforme fue ganando altura, también aumentó su velocidad, haciendo que la pobre y asustada pixi chillase de terror, agitando sus frágiles bracitos en el aire. Haciéndole caso omiso, el pájaro siguió subiendo eternamente, dejó atrás los soles, perdió de vista su mundo conocido y viajó directa hacia los Dioses. Por el camino, sus feas y sucias plumas se volvieron doradas, y su horrorosa cara era, de repente, hermosa. Había encontrado su lugar.
Por su parte, la pequeña pixi hacía rato que había dejado de chillar, maravillada por el cambio que sufría su montura. Tan admirada se quedó, que no se dio cuenta de que sus propias alas ya no eran opacas, sino translúcidas y brillantes. Su desastroso vestido era ahora tan delicado como ella, echo de fina seda azul y pequeñas lágrimas de cristal. La astilla que portaba en la mano se había convertido en una hermosa varita con el poder de las estrellas, y su hermoso cuerpecillo vibraba con la magia de la más poderosa de las hadas.
Habiendo héroes y heroínas, escapadas milagrosas y una descomunal batalla que luchar entre seres de todos los reinos, seres de las sombras y la propia Reina Blanca, yo cuento la historia de un hada loca. ¿Por qué mencionarla, si no ha realizado ninguna heroicidad? Para mí ella es la heroína del cuento, la que merece el libro entero, pues las otras se enfrentaron en una guerra casi imposible de vencer, pero ella venció en la batalla más difícil de todas, la que poca gente es capaz de batallar: luchó por su sueño y, lo más importante, lo consiguió.
                                                                                                                           



**La historia en verdad no es mía, es un fragmento de un libro que he leído y que he modificado ligeramente (bastante muy mucho) para añadir el final, por eso no doy detalles sobre prácticamente nada.   

martes, 6 de septiembre de 2011

Prêmio Sunshine Award

Muchas gracias a Pablo L. por darme este premio, ya que es el primero que recibo y me hace mucha ilusión este pequeño reconocimiento por mis escritos. Espero ir mejorando poco a poco. ^^


Para este premio:
- Anunciar el premio en la entrada
- Poner el link del blog que se los otorga
- Reotorgarlo a 10 blog's
- Poner el enlace a los 10 blog's
- Avisar a los ganadores

Y los premiados son...
  1. http://jackredfield.blogspot.com/
  2. http://porverelcolordelcielo.blogspot.com/
  3. http://elmekia.blogspot.com/
  4. http://elexpresodelasochoymedia.blogspot.com/
  5. http://anyraluna.blogspot.com/
  6. http://alvuelodelapluma.blogspot.com/
  7. http://atadaatimesientolibre.blogspot.com/
  8. http://magosdelamusica.blogspot.com/
  9. http://blog1-spike.blogspot.com/
  10. http://spike-misilencio.blogspot.com/

domingo, 28 de agosto de 2011

Pequeños detalles que te hacen feliz


Por mucho que nos concentremos en buscar la felicidad, la vida siempre va a ofrecernos momentos de tristeza, soledad, angustia, rabia…son momentos en los que creemos que quedaremos estancados en ese sentimiento para siempre, que ya nada ni nadie podrá sacarnos de ahí,  y eso, nos entristece aún más.
Buscamos la felicidad en la grandeza, en tenerlo todo, en no necesitar nada. La buscamos en el amor, la pareja perfecta; la buscamos en los amigos perfectos, esos que nunca te fallan y que jamás podrían cometer un error, pues dejarían de ser amigos por no habértelo dado todo; la buscamos en la aprobación de la gente, de todo el mundo, sin darnos cuenta de que nunca podremos tener contento a todo el mundo, que cuando alguien te diga “esto me encanta”, automáticamente habrá otro que diga “¡Dios mío, qué cosa más fea!”. Buscamos la felicidad en hechos generales, en cosas que abarcan mil cosas más, pero sin tener en cuenta esos pequeños detalles que son, en definitiva, los que al final consiguen hacerte feliz…los despreciamos por ser pequeños, por ser insignificantes y por no significar un hecho gigante en toda su plenitud; nos olvidamos de ellos porque por sí solos no son nada, no abarcan la grandeza, no son un todo.
Y, sin embargo, están ahí, en el día a día, en cada persona y en cada acto que realizan. Se esconden entre montones de escombros de tristeza y amargura, entre lagos de miedo y soledad. Son apenas una estrellita de luz tenue en un firmamento vacío de ellas, por lo que es muy fácil pasarla por alto entre tanta oscuridad. Pero ahí está. Ahí brilla suavemente, con miedo a apagarse entre tanta oscuridad, con terror a perderse en el olvido sin que tú te hayas dado cuenta siquiera de que existe y, aún así, por ti brilla un poco más, para darte una oportunidad para que la veas.
“Es apenas un minúsculo punto de luz en medio de la nada…ni siquiera es capaz de alumbrar este firmamento oscuro por sí sola”. Qué fácil es pensarlo, darlo por hecho y ya está, ¿verdad? Nunca se te ocurriría acercarte un poco y fijarte en su luz; no te das cuenta de que si la ves tan pequeña y atenuada es porque estás muy lejos, que lo que tú ves como un puntito en el firmamento es en verdad un fulgurante haz de luz que te cegaría si lo mirases fijamente desde miles de kilómetros de distancia, que es un sol en la distancia. No lo ves claro y lo desprecias.
¿Y si probases a acercarte? Es tan solo un punto de luz en la totalidad del universo, sí…pero ahí está, y brilla sólo para ti, sólo para tus ojos. Se te abren dos caminos: olvidarte de él y esperar a que se apague y aparezca un verdadero foco delante de ti, o intentar llegar a él, buscar su significado y descubrir que, poco a poco, ese puntito va creciendo hasta convertirse en un haz luminoso, que junto a él hay más puntitos, decenas de ellos, que poco a poco irán creciendo para formar decenas de haces rodeados de centenas de puntitos. Si te acercas lo suficiente, encontrarás tu foco. Puede que no sea tan grande como esperabas, ni tan luminoso como creías que debía ser, pero ahí está, brillando para ti cada día un poquito más, despejando la oscuridad de la que no querías salir.
Nos esforzamos en buscar la felicidad en las cosas grandiosas, en conjuntos que forman un todo, en sentimientos enormes que suelen abarcar a otros sentimientos más chiquititos; no queremos darnos cuenta de los pequeños elementos que forman la “grandiosidad”, no nos fijamos en los detalles que dan lugar al todo y desechamos los sentimientos más modestos que acompañan al enorme, a pesar de que van íntimamente ligados. Nos esforzamos en acabar el puzzle, pero sin tener en cuenta las piezas que lo forman.
Yo encontré un resquicio de felicidad en una antigua libreta, en los pequeños detalles que la forman, y me fijé en cada pequeño puntito de luz para olvidarme de la oscuridad que me rodea. Sigo rodeada de malos sentimientos, sí, pero sé que siempre podré contar con este foco de felicidad cuando la oscuridad luche por engullirme, y sé que la luz será más fuerte.
Hoy me gustaría invitaros a todos a buscar vuestro minúsculo puntito de luz del día y compartirlo conmigo. Quizás os deis cuenta de que habéis descubierto un pequeño remanso de esa felicidad que tanto ansiabais encontrar.
Hoy me gustaría invitaros a repetir mis palabras: “este pequeño detalle ha hecho que me sienta feliz”. Quizás descubráis que, a pesar de todo, lo decís porque es verdad.

viernes, 26 de agosto de 2011

Lágrimas que no merecen la pena


Había puesto música para entretenerme un rato cuando, en un momento dado, empezó a sonar una canción. No es que me guste especialmente, ni que sea sentimental, ni que signifique nada para mí, simplemente, me recordó a un amigo cantándola con la guitarra y sentí la necesidad de escucharle cantar.
¿La diferencia entre la cantante y él? Que, por alguna razón, siempre acabo llorando cuando lo escucho a él, sea cual sea la canción…o casi.
Me di cuenta de que se me había llenado los ojos de lágrimas debido al deseo, a la necesidad de escucharlo cantar. Solo que no era sólo eso.
Al recapacitar sobre ello, me fijé que ya me sentía algo triste desde antes (toda la tarde, de hecho), y no lo había notado. La añoranza que me produjo la canción no era más que el detonante de una bomba ya preparada.
Me puse a pensar, pues, en la razón de mi estado: ¿qué había estado pensando durante toda la tarde?  Más de  una respuesta acudió a mi mente.
En primer lugar, la soledad en la que me siento inmersa pues, a pesar de haber vuelto al pueblo con mis padres para pasar el fin de semana, a pesar de que siempre puedo contar con mis amigos, a pesar de estar rodeada de gente, echo de menos el cariño y las caricias que sólo un novio puede darte. No suelo pensar mucho en esta, por lo general el cariño de mis amigos me es más que suficiente para sentirme bien, completa…pero la tarde anterior vi algunas fotos de mi prima con su novio y sentí algo de envidia, aunque no le hice mucho caso. Ahora sé que todo empezó ahí.
En segundo lugar, también a raíz de esas fotos, había empezado a sentirme mal conmigo misma, con mi cuerpo. Volvía a ser consciente de la celulitis en mis piernas, de mi barriguita y de que estoy empezando a ganar peso otra vez, desde que dejé el gimnasio. Sentí rabia, porque nunca quise dejar de ir, ya que me hacía sentir bien, viva; sentí rabia porque ahora no puedo ir…aunque entiendo el porqué.
Me siento frustrada y desesperada, pues intento pensar en otras formas de hacer ejercicio, pero ninguna me convence: para salir a patinar dependo de mis amigos (estoy aprendiendo aún), y no siempre pueden; si salgo a correr, me ahogo en 5 minutos, por lo que no puedo continuar, y todo lo que he intentado por casa, por mi cuenta, me aburre y desanima mucho porque lo hago sola (lo he intentado más de una vez y, a veces, me deprimía tanto que acababa llorando). Podría cambiar de gimnasio, sí, pero los que me pillan cerca, o son demasiado caros, o tienen tarifas reducidas para actividades concretas u horarios que no me vienen bien. Además, echaría de menos (ya echo de menos) a la gente y los monitores del que acabo de dejar.
Y no se me ocurren más opciones.
Siento que mis piernas me piden movimiento, que mi cuerpo entero necesita moverse, cansarse, sudar…y siento que me estoy pudriendo por dentro, sin salir de casa, tirada en el sofá todo el día, con un dolor de espalda que había menguado y que ahora va en aumento día a día.
¿Siento algo más? ¿Hay alguna otra razón para que una simple canción me haya llenado los ojos de lágrimas y el corazón de añoranza? Creo que no…o al menos no consigo verla.

martes, 23 de agosto de 2011

Tras varias horas intentando dormir.


Me había acostado bastante tarde pero, aún así, no conseguía dormir, pues no me sentía cansada en absoluto, por lo que dejé mi mente vagando a sus anchas.
Tras un rato de pensamientos inocuos, me vino a la cabeza la que, hasta hace poco, era amiga mía. La echo de menos. Me sentí triste, pues han sido mucho años de amistad, una amistad que se ha roto por una cabezonería (una detrás de otra), por orgullo y por no saber escuchar (y la falta de confianza que eso conlleva). Me enfadé con ella, sentí cómo la rabia crecía dentro de mí y me llenaba los ojos de lágrimas. ¿Por qué tiene que ser siempre tan cabezona? ¿A qué viene tanto orgullo? ¿De verdad la amistad  significa tan poco para ella, que antepone su orgullo y su “dignidad” a una amiga?
Yo podría arreglarlo, sé cómo hacerlo: basta con que (a sus ojo) me “humille” yo y vaya a hablar con ella…no me importaría, lo haría de buen agrado, sin pensarlo dos veces, si no fuese porque creo (estoy segura)  que no cambiaría nada. Hablaríamos con normalidad, saldríamos por ahí y se vería una relación bonita, sí…pero la conozco, sé lo rencorosa que es, que las guarda todas y busca el momento adecuado para podértelo echar en cara, aún cuando se supone que es algo que te ha perdonado. Ya lo ha hecho otras veces antes, y con cada una de esas veces (y otras situaciones), ha ido perdiendo poco a poco mi confianza.
Sé que podría solucionar las cosas con ella, sé que todo podría ser como antes…pero no confío en ella y no tengo necesidad de volver a sufrir su pérdida, y sé que tarde o temprano ocurriría otra vez.
Intenté dejar de pensar en ella, alejar mi mente de esa añoranza, y volví a dejarla ir.
Supongo que será porque ya había comenzado con los pensamientos negativos y me cuesta mucho pararlos pero, después de ella…llegó él, la razón por la que todos mis miedos están a flor de piel, el chico que se obsesionó conmigo antes de conocerme.
Reviví cada momento con él, la falsedad, la hipocresía…y cómo el miedo empezaba a apoderarse de mí en los días anteriores a romper con él.
Y me sentí estúpida porque, a pesar de todo, de una manera u otra puedo entender que sea así, cómo actuó después. Me sentí estúpida porque me veía cruel a mí misma, porque denunciándolo estaba anteponiendo mi bienestar al suyo. En aquél momento tenía claro que era eso lo que tenía que hacer, pero ahora no puedo evitar sentirme mal.
En verdad no creo tener la culpa de nada, ya que intenté hablar con él en todo momento para que no hubiese malentendidos…
Supongo que en gran parte me sentía tan mal porque ya estaba afectada por lo de mi amiga.
Una vez más, intenté sacarlo de mi cabeza. No me sentía especialmente mal, así que me resultó fácil decidirme por el mejor método para volver a sentirme bien.
Funcionó.

martes, 5 de julio de 2011

Conclusiones

¿No os ha pasado nunca que vais caminando, con la mente perdida en conversaciones imaginarias o hipotéticas de las que sacas grandes conclusiones, y que al llegar a casa no recuerdas nada? A mí sí, prácticamente cada vez que paseo. Ayer fue una de esas veces, uno de esos fantásticos momentos en los que tu cabeza te plantea un problema y, hablando consigo misma, saca conclusiones impresionantes que probablemente tu parte consciente no habría llegado a vislumbrar nunca.
También fue una de esas puñeteras veces en las que al llegar a casa no recordaba ni la conclusión filosófica, ni cómo había llegado a ella para intentar sacarla otra vez. Es verdaderamente frustrante, pero….prefiero mil veces eso a no pensar. Si tengo que elegir, me quedo con todas mis conclusiones deducidas y olvidadas, a un paseo con la mente en blanco o pensando estupideces; me quedo con mis conversaciones hipotéticas que me ayudan a recapacitar sobre temas a los que normalmente no doy gran importancia; me quedo con la ventaja de poder descubrirme a mí misma, mi forma de pensar y de ver las cosas frente a como puedan verlas los demás. Me quedo con saber razonar y enlazar unos temas con otros mientras doy la espalda a sueños vacíos o rotos que no se van a cumplir o que ni siquiera quiero que se cumplan, los que sueño por soñar.
Por eso me gusta pasear, por eso prefiero caminar a coger el autobús, por muy lejos que me pille mi destino.
¿Y mis conclusiones? Quedan reclutadas en una caja de recuerdos olvidados, a la espera de que un comentario, un gesto o simplemente una chispa enciendan la mecha que las vuelva a iluminar, que las traiga de vuelta a la mente que una vez las dedujo.
Yo, en mi eterna ignorancia, las dejo vagar por los confines de mi memoria, deseando que algo las traiga de vuelta, pero sin hacer nada porque vuelvan. Sólo espero que algún día sepan encontrar el camino que las conduzca a una hoja de papel, atravesando los senderos que les marquen mis dedos.

viernes, 17 de junio de 2011

Todo a la vez

Semanas. Llevo semanas queriendo escribir algo…Necesitando desahogarme con boli y papel, pero ¿por dónde empezar, si después del primer problema viene otro, y después otro más? ¿Sobre qué escribir, si sientes tantas cosas diferentes y contradictorias a la vez? Pena, miedo, furia, alegría, liberación, culpabilidad, confianza, soledad, desesperación, alivio, traición, ganas de gritar...muchas ganas de gritar. Y dolor de cabeza.
Las cosas empezaban a ir bien en más de un sentido…en todos los sentidos, de hecho. Estaba en mi apogeo. ¿Qué fue lo primero que se torció? ¡Ah, sí! El chico con el que salía…chicos, siempre traen problemas. ¿Qué fue lo que sentí en ese momento? Dejadme enumerar y aclarar:
1)      Pena, sentí mucha pena, porque era alguien que me estaba empezando a gustar bastante, y porque sabía que le estaba haciendo daño.
2)      Liberación y alegría…sí, alegría, porque por primera vez en mi vida había sido capaz de darme cuenta de que algo no iba bien antes de que fuese a peor…euforia, porque además de darme cuenta, fui capaz de superponer mi felicidad a sus necesidades, cosa que nunca antes había sido capaz de hacer.
3)      Miedo, porque volvía a estar sola.
4)      Confianza en mí misma, porque supe decirlo todo, porque sabía que, a pesar de estar haciendo daño, estaba haciendo lo correcto. Porque hacer lo que estaba haciendo me hacía feliz a mí, independientemente de cómo pensasen los demás.
5)      Desesperación, porque él no era capaz de entender lo que le decía, las mil razones que le di por las que no podía seguir con él…porque no le di ni una ni dos, sino una larga lista…de la que aún me quedan cosas por hablar.
6)      Alivio, porque me estaba quitando de encima todos los problemas que él me causaba y los que me iba a causar (algunos de los cuales he descubierto a posteriori).
7)      Traición, al descubrir cómo es en verdad él, lo bajo que puede caer por resentimiento. Y aquí he de recalcar la alegría y el alivio por habérmelo quitado de encima a tiempo.
8)      Furia, porque metió en su venganza a gente a la que quiero y que no tiene nada que ver con él, a la que ni siquiera conoce, y les intentó hacer daño, mucho daño…y culpabilidad, porque me siento responsable de su estupidez.
9)      ¿Soledad? No, no sentí soledad en ningún momento por su culpa; es más, el miedo por volver a estar sola quedaba, y sigue quedando demasiado eclipsado por el hecho de que prefiero estar sola a tener que soportar a alguien como él. Y porque confío que no va a durar.
Grité por su culpa, sí…más de lo que debería, de hecho, pues llegó un momento en que en lugar de hablar las cosas, las decía a voces, cosa que nunca antes me había pasado. Pero él no fue la única razón de mis gritos.
Esa misma semana se distanciaron dos amigos entre sí, una tercera me metió por medio alegando que sería a mí a la única que escucharían y, cuando hice por hablar y ser escuchada, esa misma amiga me echó en cara que dije más de lo que tenía que haber dicho. ¿Cómo me sentí entonces? Vuelvo a enumerar:
1)      Cansada de que la gente me meta en sus problemas para que yo los solucione, y encima me echen la culpa si me equivoco…simplemente, no tendría porqué hacerlo, podría mandarlos a todos a freír espárragos y decirles que aprendan a resolver sus propios problemas…pero no, yo siempre me quedo e intento ayudar. Tampoco es de extrañar que, teniendo que decir mil cosas- las mil que me han pedido que diga-, se me escape UNA que no tenía que decir, y más teniendo en cuenta que iba todo en la misma línea de la conversación.
2)      Hasta las narices de que luego la culpa de todo sea mía y sólo mía y, no sólo eso, sino que además se dé por hecho que no habría llegado a esa situación si no fuese por “mi afán” de meterme en medio de todo. Oye, perdona, pero ni siquiera pregunté, me metéis por la fuerza.
3)      Triste, porque era una de mis mejores amigas, porque acababa de resolver algunos problemas con ella y porque sus respuestas me dieron a entender que, después de tanto tiempo, no me conoce para nada, no sabe nada de mí.
4)      Confusa, porque siempre estoy ahí para todo lo que me pidan, para ayudar en lo que pueda, para escuchar lo que quieran contarme…y ahora resulta que, por un error, no soy de confianza. Estoy confusa porque hice ni más ni menos que lo que me pidió, excepto no callarme un pequeño dato que me pidió que no dijera…ni siquiera lo hice adrede, simplemente se lo dije junto a todo lo demás porque estaba todo relacionado y no me di cuenta, y porque no era eso lo único que tenía en la cabeza. Hice lo que ella me pidió y me lo echó en cara como si me hubiese pedido algo completamente diferente y como si me hubiese metido yo sola en el marrón, cuando ni siquiera me incumbía.
5)      Confiada, pues a pesar de haber metido la pata con ese pequeño error, sé que hice lo que debía, y sigo pensando que sus métodos no son los más adecuados para hacer las cosas, pues los problemas, cuando los hay, hay que hablarlos, no endiñárselas a otro para que las resuelva por ti…ni dejar de lado a la persona con la que tienes el problema, sin que sepa siquiera porqué y esperar a que ella sola adivine qué es lo que ha hecho mal. No es así como funcionan las cosas.
6)      Miedo, porque no quiero perderla.
7)      Traición, porque siento que a ella le da igual.
8)      Culpabilidad, porque vuelve a estar en medio alguien que no debería y que se está llevando una parte importante de toda la mierda que debería comerme yo sola.
9)  Y ganas de gritar, sí, porque creo que no es esto lo que merezco.
Podría considerarse suficiente para una persona en tan corto espacio de tiempo, y sintiéndolo todo a la vez, pues no voy cambiando mi estado anímico a lo largo del día, sino que lo siento TODO durante las 24 horas que dura. Pero no, no acaba ahí: como no es suficiente, vuelve a aparecer el primer chico, creyéndose mejor que nadie, para intentar poner en mi contra (y no sólo en la mía, metió también a mi mejor amiga, a la que ni siquiera conoce) a otros dos amigos a los que quiero, queremos las dos, muchísimo. Por suerte, ellos prefirieron aclarar las cosas antes de dar por hecho cosas que no son. He de agradecérselo, y se lo agradeceré siempre.
Lo que no consigo entender es cómo nadie tiene tanta cara dura de hacer lo que estaba haciendo y, encima, pedirle a ambas partes que no hablen entre sí para aclarar las cosas porque “es que si lo hacéis, me salpicará la mierda a mí, que no tengo nada que ver”. ¿Cómo se puede ser tan sumamente hipócrita en la vida?
Estoy colapsada, grito a quien no tengo que gritar y me enfado por nimiedades, cuando antes casi no era capaz de enfadarme. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que vais a explotar? Así me siento yo. He intentado ser fuerte, sobrellevarlo todo de la mejor manera posible, buscar el lado positivo a cada cosa (y lo he encontrado, de ahí que sea capaz de sentirme feliz mientras siento todo lo demás), lo he hablado todo miles de veces, lo he repetido hasta la saciedad dándole vueltas y más vueltas porque sé que no me lo puedo guardar para mí, que eso no es viable. Y he llorado, cuando ya no he aguantado más he llorado en el hombro de mi madre, mientras ella me abrazaba y me intentaba consolar. Y aún tengo ganas de llorar pues, a pesar de todas las razones que tengo para ello, a pesar de todos los sentimientos que podrían impulsarme a abrir el grifo para no volverlo a cerrar, es el de culpabilidad el único que lleva las lágrimas a mis ojos y las deja resbalar.
Ya no lo aguanto y, sin embargo, sigo sintiéndome feliz, orgullosa de mí misma, pues sigo estando yo por delante del que me hace daño…aunque me duela que eso dañe al que me está dañando a mí.
Puedo llorar, me siento mal y necesito que se arregle todo de una vez, pero, he de confesarlo, aún me siento en todo lo alto...y no quiero bajar.

martes, 31 de mayo de 2011

Un sueño sin cumplir

Hace años, muchos años…casi dos décadas, hubo una cría que apenas levantaba dos palmos del suelo, pero que ya tenía claro lo que quería hacer con su vida: escribir, plasmar su imaginación en páginas en blanco para que otros pudiesen leerla, sumergirse en ella y disfrutar como ella disfrutaba con la imaginación de otros. Como es obvio, ella, a su corta edad, no podía saber expresar esto tal y como está siendo expresado ahora, no podía saber lo que es la imaginación o que los mejores libros salen de ella…aparte, que los libros que había leído hasta ese entonces no pasaban de las 20 páginas con letras muy grandes y muchos dibujitos. Sí, le gustaban los dibujitos, aunque ahora piense que sólo te ahorran el esfuerzo de imaginar por ti mismo.
Tal era su pasión por los libros a tan temprana edad, que aún recuerda, y seguirá recordando por mucho tiempo, cuál fue el primer libro que leyó, el detonante de esa pasión, el interruptor que encendió la necesidad de seguir leyendo, y el sueño de aprender a escribir para que otros niños como ella pudiesen disfrutar de semejante placer. “María sonrisa de perlas”, se llamaba.
Luego hubo más…muchos más. Libros cada vez más grandes y  mejores, con la letra cada vez más pequeña y menos dibujos. Libros que  permitían crecer su imaginación, libros que creaban auténticas películas en su cabeza, de las que ella era la protagonista, o no, pero que siempre vivía con enorme intensidad, como si estuviese dentro, como si fuese el viento en cada escena, el aire que respiran los personajes, cada brizna de hierba que pisan, cada palabra que dicen o movimiento que hacen.
Hubo libros que la hicieron reír, llorar…y hasta llorar mientras reía. Los hubo entretenidos, aburridos, de amor y, sobre todo, de aventuras. Algunos los pudo leer en horas, para otros necesitó días y para todos deseó una segunda parte, pues era imprescindible que la historia siguiese, pues los personajes seguían vivos. Y los hubo (sin duda alguna, los mejores), que la transportaron fuera de su propio cuerpo, que la hicieron olvidarse de que vivía, que tapaban su hambre, borraban su sueño y cegaban el dolor de cabeza de las horas y horas (incluso días y días) que pasaba pegada a las páginas, millones de palabras, sin apenas dormir. Y el placer que producía la sensación de volver a su cárcel de huesos y carne tras un largo viaje del que habría preferido no regresar jamás, el escalofrío al ser consciente de su propio cuerpo una vez más, notar las lágrimas que fueron derramadas a lo largo de sus mejillas cuando nadie habitaba su cuerpo, y esa sonrisa que  no recordaba haber dibujado en su rostro. Esa sensación de no necesitar nada más.
Y eso mismo es todo lo que ella siempre quiso escribir, todo lo que soñó con publicar, todo lo que deseó hacer sentir a otros niños como ella. Una historia nacida de la nada, un sueño de millones de personas despiertas…el deseo de encerrar tropecientos sentimientos diferentes en una cárcel de papel y tinta, tan largo como su vida misma lo permitiese, pero tan corto como una noche pegado a sus palabras sin final.
Nunca lo hizo. Le faltó… ¿imaginación? Sí; ¿valor? Tal vez… ¿tiempo? Ni una pizca. Eso nunca fue excusa, por mucho que ella se empeñase.
¿Y ahora? Ahora pretende retomar su sueño. ¿Justo ahora? No, por supuesto que no, ahora verdaderamente anda muy escasita de tiempo. ¿Mañana, quizás? Imposible… ¿en unos días, semanas o meses? Lo dudo, pues aún le faltan valor e imaginación. ¿Cuándo, pues? Cuando se sienta preparada, no antes….tampoco después, sino justo en el momento.
¿Mientras? Sólo tiene clara una cosa, algo que nunca dudó, lo que la anima a seguir, poco a poco, cada día, sin perder la esperanza de que, quizás no hoy, quizás no mañana, en algún momento tendrá narices suficientes para coger boli y papel y dar rienda suelta a su imaginación, sin fronteras, sin restricciones y sin temor a que pueda gustar o no, sabiendo sólo que es eso lo que ella quería hacer y sin importarle lo que otros pudieren pensar después.
Lee, y aprenderás a escribir. Escribe, y aprenderás a soñar.
El lugar más idílico conocido se encuentra dentro de ti; se llama “imaginación”.


"Este escrito merece una especial dedicatoria:
  • A mis papás, por enseñarme a leer y despertar en mí las pasiones que hoy me guían. Y por ayudarme a crecer.
  • A mi hermana, por incitarme a escribir cuando ve que llevo demasiado tiempo sin pasar por aquí.
  • A mi hermano, que no lee nada de lo que escribo, pero que me soporta día sí, y al siguiente también...tanto a mí como a mis caprichos.
  • A mis amigos, que me guían en el día a día y que a veces son la razón, directa o indirecta, de que escriba.
  • Y, por supuesto, a todos los que se pasan con cierta asiduidad  por este blog, leen lo que escribo y comentan lo que les ha parecido. Este punto va, en concreto, por un amigo que me pregunta prácticamente a diario si he actualizado, que se pasa por aquí en cuanto se entera de que he escrito algo nuevo y  que, como mi hermana, me pide nuevos escritos cuando no tengo ni tiempo ni...¿razones? para escribir.
A todos vosotros, Gracias ^^"

martes, 17 de mayo de 2011

La vida

Corta como ella sola, la vida es como un suspiro, el tic-tac de un reloj, el parpadeo en una mirada llena de sonrisas y lágrimas. Un día acabas de nacer, al siguiente eres viejo y arrugado…en el primer caso todos quieren tenerte entre sus brazos, en el segundo se deshacen de ti, te olvidan y te conviertes en poco más que un estorbo al que nadie echa de menos pero al que todos lloran cuando la muerte se hace tu dueña.
Corta como ella sola, la vida es como la llama de una vela, como la luz de una estrella: un día luce mucho, al siguiente se ha apagado. Valiente en momentos de debilidad, parpadeante ante suaves brisas, eterna, infinita, como cada segundo, fugaz, nimia, como la misma eternidad de los miles de años que dura un suspiro. Invencible como ninguna, la vida acaba cuando menos te lo esperas.
Corta como ella sola, la vida es como un mar azotado por una ventisca, lleno de olas que suben y bajan, que se estrellan contra las rocas duras y afiladas desgarrándote hasta el alma, o acariciando la fina arena templada al sol. Es un continuo vaivén de personas, conocidos y caras nuevas que llegan, dicen hola y se van. Es un recuerdo en la mente de nadie, imágenes descontroladas, perdidas, olvidadas por alguien que una vez fue y nunca más será.
Corta como ella sola, la vida es un sueño que no se cumple, por el que luchas, o no, y al final desaparece, sea realidad o delirio. Desaparece contigo.
Corta como ella sola, la vida es un continuo esfuerzo por la vida misma, una lucha inacabable, una guerra sin final, sin vencedores ni vencidos, sólo un cuerpo más que carne es y en polvo se convertirá.
Corta como ella sola, la vida es una sonrisa, una lágrima caída que se partió como el cristal.
Yo tengo un sueño que cumplir, y una sola vida por delante para conseguirlo. Será difícil, sí, pero no imposible…sólo hay que luchar por él. Luego será sólo olvido en una mente que es, que habrá sido y que nunca más será.

Palabras

Las hay que nombran, que describen, que exageran, que numeran, que relatan o que despiertan en ti mil sentimientos…de tristeza, de ilusión, de alegría, risas, miedos, indiferencia, e incluso estrés.
Las hay que te dan la vida, que te la quitan poco a poco, o de un tirón, depende. También hay algunas que van creando pequeños escalones que has de superar, y otras que tiran de ti para ahorrarte cualquier impedimento, evitarte cualquier obstáculo que pueda surgir.
Algunas te hunden, otras te salvan. Unas te hacen soñar y volar sin cadenas; otras, tiran de ti y te aplastan con la cruda realidad.
Las hay que te persiguen, otras huyen de ti. Algunas las conoces, otras las necesitas y las hay, incluso, útiles para nada, pero que las usas por usar.
Y, a veces, te las inventas porque sí.
Unas son muy parecidas entre sí, pero con significados muy diferentes. Otras son completamente diferentes pero de igual significado. Algunas hasta cambian su intención, dependiendo del contexto.
Hay palabras que, dependiendo del momento y el lugar, lo significan todo, o no significan nada. Bien dichas te hacen sonreír, te sonrojan o te reconfortan. Dichas al azar, por decir, sin sentir, pierden su significado, quedan vacías, huecas, y se llevan de ti aquello que debería existir y no existe.
Pueden serlo todo, pueden no ser nada…sólo úsalas bien o se perderán al buscarlas.

sábado, 7 de mayo de 2011

Vive

Sueñan por ti tus sueños, hablan por ti tus palabras y besan por ti tus besos. Deja de pensar y empieza a vivir.

Ser tú

Volver a sentir el subidón de adrenalina
cuando ya creías muerto tu cuerpo;
notar cómo se te eriza la piel
tras años de sentimientos yermos…
y ese retortijón en las tripas
que te producían los nervios.
Una vez más vuelve todo a surgir
en una explosión de emociones olvidadas,
un renacer de sentimientos reprimidos
en cajones muy oscuros que costaban de abrir.
Recuerdas la libertad que te aporta,
el bienestar que se genera dentro de ti,
el calor en tus mejillas
y no saber cómo actuar, qué decir.
La libertad de sólo actuar
sin cadenas que te aten,
poder hablar sin pensar,
sin temer que te rechacen.
Vuelves a dejar que inunde tu cuerpo,
que ciegue tu mente y se apodere de ti.
Dejas que maneje tus movimientos,
le cedes el control de tu boca
y le dejas elegir qué hacer, qué decir.
Es tu vida, es tu droga,
y dejas que te llene, que te bañe,
que te cure y te haga sufrir.
La necesitas, te aferras a ella y piensas
que no volverás a dejarla huir.
No lo hagas, no lo pienses,
son tus sueños los que sueñan por ti.
Agárrala, no la sueltes,
es el sustento que te permite vivir.
Hablo de ser tú mismo,
de soñar, gritar y reír.
Hablo de cumplir tus sueños,
de volar, hundirte y resurgir.

jueves, 28 de abril de 2011

Confianza y autoestima

Hay veces que te dejas llevar, que dejas que te superen tus sentimientos, tus ganas de reír, tus ganas de llorar, de esconderte o de salir y gritar.
Hay veces que quieres comerte el mundo y sales a soñar, con la cabeza bien alta, riendo, observando y con tu nivel de autoconfianza rozando casi la luna. Otras, te apabulla la realidad, te da un sopapo de crueldad, te baja de las nubes y, entre ataques de canguelo te invita a esconderte para que nadie te encuentre mientras sufres el desengaño de los sueños rotos.
Escondida vivo yo desde mi última caída, con toda mi autoestima conviviendo con los hombres topo, con miedo a gustarle a alguien, con miedo a que puedan querer hacerme feliz y que pudiesen conseguirlo, porque para mí eso sólo significa que después la única sensación viable será el dolor…porque no quiero que vuelvan a hacerme daño. Siempre dije que hay que arriesgar y sufrir, luchar por la vida y por lo que deseas para conseguirlo, que si te quedas sentado no lo vas a conseguir, y no puedes quedarte quieto por miedo…y, sin embargo, yo hace tiempo que no soy capaz de mover un dedo. De hecho, temo que la brisa pueda mover mi pelo y que eso delate mi posición, que descubran dónde estoy, dónde me escondo y entonces todo el mundo pueda verme.
Todo cambia. El miedo cesa, antes o después… ¿qué prisa hay? El caso es que desaparece, se va. Sabes que volverá en algún momento, más fuerte, más débil, tampoco importa; sólo sabes que lo volverás a superar. Te da igual, le plantas cara y lo incitas a llegar, a pelear contigo porque sabes que vas a ganar. Mientras, disfrutas de la vida, de los sueños que te ofrece y huyes de la realidad que tanto te aterroriza.
Todo cambia y a veces no hay razón para ello, no hay nada que te haga decir “se me ha ido el miedo por esto o por aquello otro” o “alguien me ha dicho un algo que me ha subido el ánimo y la autoestima y me ha devuelto las ganas de soñar”. No siempre existen razones, pero a veces las hay.
Yo sigo teniendo miedo, sigo queriendo estar oculta, aunque una parte de mí quiere volver a darse a conocer, salir de mi prisión y gritarle al mundo que estoy aquí, que estoy viva y que tengo mil metas que quiero (y voy a) superar.
Quiero volver a sentir mil gritos desgarradores en un susurro, la fuerza de un huracán en un suspiro. Quiero dejar fluir la furia del mar con una sola lágrima, arrinconar una tormenta en cada carcajada. Quiero desgarrar el cielo con mi risa, oscurecer el sol con el brillo de mi mirada, hacer que llueva y, con el agua, encender una llama. 
Quiero poder decir un "te quiero" sin temer lo que pueda pasar después.
Me siento bien. Me siento guapa. Y, por primera vez en mucho tiempo, éste sentimiento está durando más que unas cuantas horas…quizás no dure más de dos o tres días. Da igual, no necesito tanto: me conformo con sentirlo ahora.
Y todo se lo debo a un simple gesto que me hizo recordar, echar de menos lo que ya no siento y sentía, un “algo”, por una vez, más fuerte que el miedo que me corroe por dentro. Y pienso aprovecharlo.

domingo, 24 de abril de 2011

Premios

¡Hola!
Hoy he recibido un premio de una bloggera, y he de compartirlo con otros cuatro escritores...
¡Aquí os lo dejo, junto a la lista de los ganadores! espero que lo difrutéis ^^:


Bueno, ahora tengo que agradecerle a  awaveath por el premio que me ha dado en su blog. ¡Muchísimas gracias! Este premio lo creó Esme (My Books & my Films) y ella, se lo dio a diez blogs, y cada de esos blogs se lo da a nueve, y así sucesivamente, en fin, sin enrollarme mucho, los que les de ahora el premio se lo tienen que dar a otros tres blogs, ¿entendido? Los premios van para:



*Pablo L
*Rafael LM
*Anyra Luna
*Al vuelo de la pluma (Namek art)

¡FELICIDADES A TODOS!

¡Y gracias a Awaveath, no sólo por el premio, sino también por el magnifico blog que está escribiendo, la historia que me tiene en ascuas, y las ganas de seguir leyéndola que me ha metido en el cuerpo!...¡Que sepas que cuando la acabes la leeré entera del tirón otra vez!

sábado, 23 de abril de 2011

Perder a un amigo


Sentir que se va, con la esperanza de que un día volverá, sabiendo que no regresará jamás…como cada lágrima que derramo.
Sentir que se escapa, que se escurre entre tus dedos y que no lo volverás a ver, que ya nada será igual…como las lágrimas que ya se han secado.
Notar cómo se estira el lazo, cómo se alarga a cada paso hasta que haya de romper, y saber que romperá.
Notar cómo tu corazón late con retraso, sentir cómo estalla en mil pedazos  y recoger cada trocito aunque ya no encajará.
Vivir con miedo a verlo, con terror a no tenerlo y certeza de que el llanto nunca cesará.
Morir con el dolor de olvidarlo, con la pena de amarlo, desangrada en una herida que nunca cerrará.
Una amistad que se ha perdido, un sueño destruido, una canción que no se acaba...es un cuento sin final.

miércoles, 20 de abril de 2011

Problemas

Necesito un psicólogo. Jaja, ¿cuántos textos habéis visto que empiecen así? Necesito un psicólogo. ¿Por qué? Porque estoy enferma, muy enferma, enferma mental. ¿Cuál es el problema? El problema es que tengo problemas, muchos problemas…miles de pequeños problemas, quizás, no lo sé…y no lo sé porque no los veo. No los veo porque no quiero verlos, no me da la gana.
Necesito un psicólogo porque hace tiempo tuve un problema, uno sólo, un problema que no quise ver, del que quise huir. Y huí. Huí centrándome en los problemas de los demás, restándole importancia al mío porque así era como si no existiese. Lo conseguí, huí del problema hasta que dejó de serlo, me escondí de él hasta que dejó de buscarme porque cuando me encontró ya se había aburrido de mí. Y todo porque me había centrado en los problemas de los demás, en escucharlos, en buscarles solución. Puede que fuese una posición de lo más cobarde, pero funcionó.
Y yo repito, y vuelvo a repetir: necesito un psicólogo. ¿Para qué, si superé ese problema huyendo de él? Pues porque vuelvo a repetir la misma cobardía… ¡pero si funcionó! ¿Por qué ahora es un problema, si en su momento funcionó? Ahora es un problema porque se ha vuelto patológico, porque se ha vuelto contra mí.
Me explico: tuve un problema, huí de él centrándome en los problemas de los demás, y lo conseguí. Volví a hacerlo, volví a centrarme en los problemas de los demás para escapar de uno mío y no pasa nada…no pasa nada hasta que resulta que me centro sola y exclusivamente en los problemas de los demás y dejo de lado TODOS los míos.
Ya no soy capaz de ver mis problemas, de saber si los tengo, cuáles son o porqué han aparecido. Vivo de los problemas de los demás, me centro sólo en ellos y nos los dejo escapar, me rodeo de problemas que no son míos.
Y ya no sé cómo hacerles frente, no sé cómo combatirlos, cómo plantarles cara. Huyo y huyo y me escondo de ellos, de sus miradas acusadoras y me centro en capturar los de los demás. Yo sólo huyo.
Necesito un psicólogo porque una vez me centré en los problemas de los demás para que el mío se solucionase solo. Necesito un psicólogo porque después de eso volví a hacerlo y fracasé…no porque ya no funcione, sino porque funciona demasiado bien.
Necesito un psicólogo porque necesito que alguien saque mis problemas de ahí, que me ayuden a encontrarlos y plantarles cara. Necesito a alguien que me ayude a progresar, a sacar lo que llevo dentro.
Curioso. Necesito un psicólogo, ahora que me he decidido a salir de la carrera y estudiar psicología. Necesito que me ayuden como yo quiero ayudar a los demás porque no sé ayudarme a mí misma.
Como suele decirse, el médico es el peor paciente que hay.
Pero necesito un psicólogo.

lunes, 18 de abril de 2011

Duele

A veces, sólo a veces, duele de verdad. A veces, sólo a veces, es mejor no pensar. Hoy es una de esas veces; una de las veces en que algo que siempre te ha dolido te duele un poco más.
Te preguntas a qué se debe que ahora sea más intenso, y no tienes que darle muchas vueltas a la respuesta para descubrirlo: lo habías superado un poco. Un poco, sí, sólo un poco, pero te había subido el ánimo, había menguado ligeramente el dolor e incluso llegaste a pensar que podría desaparecer, que todo podía encaminarse hacia un viejo sentimiento ya casi olvidado. Lo habías superado un poco y ha llegado alguien- un alguien a quien quieres mucho- y ha hecho un comentario en broma (sí, en broma) pero que te ha hundido, que te ha hecho recordar porqué estabas así, que te ha golpeado como si de una maza se tratase devolviéndote a la realidad.
¿Y por qué debería haber cambiado? Es absurdo y, sin embargo, no pudiste evitar pensar que podía haber sido diferente por una vez…sólo esa vez, que no lo habías soñado, que no fue imaginación tuya, que lo dejaste ir por miedo, no porque no existiese.
Y ahora vuelves a tener claro que es imposible que hubiese pasado nada de lo que tu mente te informó y te sientes estúpido por haberlo creído posible durante las pocas horas que duró la ilusión. Por eso ahora duele de verdad; por eso esta es una de esas veces en que es mejor no pensar.
¿Y ahora qué? Ahora estás más convencido que nunca de que tenías razón, de que cuando la gente intenta animarte a que pienses diferente, es sólo por eso, por animarte, no porque estés equivocado. Ahora sabes con absoluta certeza que nunca saldrás del bucle infinito en el que estás metido porque es absurdo pensar nada que no esté dentro de ese bucle, que sería irreal, ficticio y doloroso, pues la cruda realidad volvería a tirar de ti, atándote a un abismo de inexistente tranquilidad y armonía contigo mismo.
Duele, sí. Duele mucho, duele más de lo que te crees capaz de soportar, duele hasta que te quieres arrancar la piel y dejar de respirar. Duele y quieres acabar, no quieres seguir más. Duele, pero no quieres salir de ese dolor, pues sabes que tarde o temprano habrás de regresar y, aunque no seas capaz de imaginarlo, sabes que dolerá aún un poco más.
Por ello te doblegas ante el dolor, dejas que te inunde y que se haga dueño de ti. Te esclavizas a él, haces de él tu vida y no dejas que se aleje de ti, pues te hace daño, pero te protege de sufrir aún un poco más. Quieres huir de él, pero no quieres que se vaya.
Entonces se te ocurre que puedes hacer una cosa, algo que mitigará el dolor sin dejar que se vaya, algo que calmará sus síntomas sin dejar que desaparezcan, algo que te hará olvidar hasta que el dolor vuelva. Y, sin pensarlo más, abres el ordenador, cliqueas en el Word y comienzas a teclear tan rápido como tus dedos te lo permitan, escribiendo lo que ellos mismos te dictan sin prestar atención a las palabras que aparecen en pantalla.
¿Y el papel y el boli? No me he olvidado de ellos: sé que me están esperando encima de la mesita de mi cuarto, junto a mis posesiones más preciadas, deseando que reescriba lo ya escrito, afianzando cada palabra para que nada ni nadie pueda borrarlas nunca, pues lo que escribo con tinta sobre el papel, quedará grabado a sangre sobre mi piel.

viernes, 15 de abril de 2011

Sentir una canción

¿Quién me iba a decir a mí que una canción tan alegre me iba a hacer llorar así? Ya la había escuchado antes, me gustaba…pero sólo ahora le vi su verdadero significado, me di cuenta de lo que dice, del mensaje que grita con cada una de sus notas.
Y me hizo sentir especial.
No, no me identifico con ella. No creo que haya sido escrita para alguien en mi situación. No es de amor ni de desamor…para nada.
Me hizo sentir especial por el significado de sus palabras, por quién me la envió y en qué momento. Porque era lo que necesitaba oír. Porque es todo lo que yo quiero decir a la gente que quiero cuando se siente mal, cuando se siente como yo, cuando está hundida y no sabe cómo salir de su miseria, sea cual sea.
Me gustaba su ritmo, es pegadizo, pero no me había planteado siquiera descargármela para escucharla…la escuché una vez o dos y para mí fue suficiente, no me fijé en ella más allá de lo bien que sonaba. Hoy, ahora mismo, siento que es la canción que mejor ha marcado mi vida, a pesar de haber mil más con las que me he sentido identificada (mucho más que con esta) la primera vez que las escuché. Hoy, ahora mismo, siento que es la única canción que podrá hacerme sonreír cuando me sienta triste…pues las demás me hacen estar más triste aún, o me enfadan.
Hoy, por una canción, me he sentido afortunada, he sonreído cuando tenía ganas de llorar y he llorado porque no podía evitarlo: me he emocionado.
Sólo me queda una palabra que añadir a este escrito, la única por la que estoy escribiendo, la razón por la que estáis leyendo: GRACIAS


Bruno Mars - Count on me - Lyrics

Una lágrima

Cae una lágrima, una sola, lenta y pacientemente desde el abismo de mis ojos hacia la eternidad de la nada, del olvido, de la ausencia de dolor.
¿Y qué se lleva de mí? Me gustaría decir que el dolor, la angustia que siento por dentro, la razón de que mi estómago esté revuelto, y ese sentimiento que no se va. Pero no, nada de esto ha desaparecido, ni siquiera ha llegado a menguar…y yo me siento como un trapo despojado de cualquier derecho a sentirme normal.
Y sé la razón. Conozco la razón o razones, las causas para estar así, pero no acabo de tenerlas claras. Sólo sé que me duelen, que me hacen sentir mal y acentúan un sentimiento del que no me apetece hablar pues, por una vez, creo que sólo me haría sentir peor, no mejorar.
Una sola lágrima, una, es lo que he sido capaz de llorar, lo único que he conseguido dejar escapar, la única prueba de un sentimiento que quiero ocultar ya no existe, quedó borrada por el paso de un par de segundos que robaron su esencia.

miércoles, 13 de abril de 2011

La vida en un sueño

Dime de qué color son tus alas
Para que pueda hacerte volar,
dime de qué color tu mirada
para poder vivir sin amar.
Háblame de tus sueños
para poder contigo soñar;
cuéntame tus pesadillas
que las quiero escuchar.
No sólo hay que ver
también hay que observar,
pues los colores se viven,
se sueñan y hasta se pueden tocar.
Puedes vivir sin creer,
puedes vivir sin soñar
Y tu vida será un fantasma
que nunca vivirá…
Y es que la vida necesita sueños,
hadas con las que jugar…
Y cada hada tiene un elfo
al que puede o no amar.

domingo, 10 de abril de 2011

Una noche sin sueño

Necesito escribir, sacar lo que llevo dentro, lo que me quema las entrañas y no me deja dormir.  Necesito desahogarme, decir lo que ya mil veces he dicho, dejar escrito lo que mi boca ya ha hablado…pero no sé ni cómo empezar, pues el tema del miedo ya lo tengo más que estrujado, hecho zumo, y miedo es lo único que siento. Por miedo estoy despierta, escribiendo esto.
Me duele el cuerpo entero, desde los dedos de mis pies hasta la misma punta del pelo. Estoy harta de dar vueltas en la cama, de levantarme para ir al baño sólo por levantarme de la cama. Aborrezco con toda mi alma las ganas de vomitar que tengo, el mal cuerpo que me dejan y el hecho de no poder hacerlo. Me pesan los párpados por las horas y horas que no han dormido, por la falta de sueño divino y el llanto que los ha consumido.
Intento cerrar los ojos, dejar la mente en blanco para no desesperar más, para intentar quedarme dormida, mas no acaban de juntarse mis pestañas y me abordan pesadillas. No son malos sueños, ni siquiera dan terror…es más, son de lo más absurdo, pensamientos inútiles sobre cosas más inútiles aún que ni siquiera tienen que ver conmigo. Pero me quitan el sueño.
Por otra parte, está esa maldita canción que ha entrado en cada resquicio de mi cerebro y se ha apoderado de él. Lo peor no es la canción en sí, es que me siento del todo identificada con ella, y eso me roba el poco sueño que pudiere quedarme en el cuerpo. Esto es una mierda.
Me gustaría al menos saber a qué viene tanto nervio, la razón por la que el contenido de mi estómago no sabe si subir, bajar, o quedarse donde está un rato más. Siento como si quisiera echar hasta el primer desayuno, pero no me siento con fuerzas…incluso he pasado un rato pensando diferentes formas para provocarlo, ya que eso liberaría una gran tensión en mi cuerpo (puede que incluso me dejase dormir los pocos minutos que  me restan), pero no soy capaz de hacerlo. Mientras sí, mientras no, se me plantea una gran duda: ¿qué demonios voy a desayunar, si tengo ganas de vomitarlo incluso antes de saber lo que es? Me gustaría tener respuesta a esta pregunta, pues desayuno en hora y media, poco más o menos. Y me gustaría que mi estómago dejase de dar vueltas como un poseso, que quietecito está muy bien.
Por el amor de Dios, si ni siquiera estoy en la cama…llevo en el sofá del salón desde las 6 de la mañana, esperando que suene el despertador. Pero ni mi paciencia ni mi espalda pueden más. Y mi cabeza necesita escribir (al menos así se libera de todo lo que pueda estar pensando, aunque ahora tampoco sé lo es).
Cientos de bostezos acuden a la rivera de mis labios para aliviar la presión que se acumula tras el rojo de mis ojos. Me piden que cierre los párpados y duerma un rato, que al despertador aún le quedan unos 85 minutos para sonar, que puedo aprovecharlos. Pero sé que mi cabeza volvería a dejarse llevar por esa vorágine de pensamientos descontrolados hasta volverme loca, y ya no lo aguanto más.
Ya no sé ni cómo sentarme, ni cómo estirarme, ni cómo colocar el portátil para estar más cómoda y aliviar el dolor que presiona sobre mi espalda. No sé cómo colocarme ni cómo voy a salir de aquí si por fin la plasta de comida sin digerir decide salir por donde ha entrado
Y no, no sé cómo relajarme…sólo necesito dormir.
Por ahora, a tan sólo una hora y cuarto del fatal sonido de la alarma, me dispongo a cerrar los ojos, aún con la luz encendida, y dejarme descansar. No pretendo ni moverme.
Por cierto, no, este escrito no me ha servido más que para distraerme un rato pero, ese rato, bienvenido sea.

martes, 5 de abril de 2011

Calor

Sofocantes como fuego
que te abrasa el interior
se hacen los día en el suelo
como si estuvieses en el sol.
Sangre, sudor y lágrimas
recorren mil veces tu piel
secándote las entrañas,
guarreándote la tez.
Esto es el verano:
sol, sudor y luz
que dejan asqueados
a viejos y juventud.
Esto es el verano:
sol, sudor y luz
que te dejan bien cegados
¡Ay, Dios mío, qué cruz!