Mi humilde petición

Sería de agradecer que cada cual deje sus comentarios en la entrada que crea oportuna...tanto los buenos como los no tan buenos. Así puedo hacerme una idea de cómo mejorar y en qué aspectos :)

martes, 20 de septiembre de 2011

Una pixi loca

Hace tiempo, muchísimo tiempo, en la era del Reino Blanco, convivían sobre la tierra todo tipo de seres, desde las sirenas hasta los fénix. Vivían bajo la monarquía de cierta reina, cuyo nombre no he de mencionar, confundiendo tiranía con bondad, cegados antes tan evidente verdad.
Ya fue contada la historia de las heroínas que salvaron la ciudad, y fueron contados relatos de hazañas sin igual….relatos sobre valentía, aventuras y quién sabe qué más, pero yo quiero centrarme en la historia de un bicho cualquiera, una minúscula pixi cuya única hazaña fue soñar.
Soñó que se convertía en una poderosa hada, en algo más que un bicho con voz aguda y un tanto irritante…ella quería ser una pixi con el poder de la magia, con la capacidad de conceder deseos. Con este deseo en mente se dirigió felizmente al castillo blanco, al encuentro de la tirana, para que esta le concediese su deseo, ya que sólo ella tenía poder suficiente para hacerlo.
Cuál sería su sorpresa al llegar a palacio, exponer su deseo…y ver que la mandaban encerrar en los calabozos por molestar a Su Real Majestad. Allí perdió la capacidad para volar, pues las celdas absorbían la poca magia que requería este proceso; allí su sueño la volvió loca.
Eran cientos de criaturas las que llegaban nuevas a los calabozos cada día, miles los humanos que ocupaban las celdas, humanos cuyo único delito era ser quienes eran y carecer de magia, tal era la tiranía de la vieja reina. Nadie sabía del paradero de los prisioneros, y pocos conocían de la existencia de estos calabozos, pues el que entraba ya nunca salía, y fuera de ellos sólo se oían rumores. Sólo la reina y sus súbditos más leales sabían que existía, dónde estaba y cómo acceder y salir de ella.
La pequeña pixi vagaba de celda en celda, dándose a conocer a todos los presos, aburriéndolos con sus historias de aventuras, las que pensaba vivir cuando saliese de allí y la reina la convirtiese en el hada más poderosa de todas. Su chillona voz sacaba de quicio a los ya más que desquiciados presos que pronto aprendieron a pasar de ella y su irritante vocecilla, pero ella nunca dejó de contar historias, nunca perdió la esperanza de salir y cumplir su sueño.
Cierto día, horas antes de que comenzase la guerra que librarían las heroínas antes mentadas, la reina encarceló a una de las hadas más poderosas de los 5 reinos que gobernaba, la única que no se dejaba gobernar…la que podía plantarle cara y poner en peligro su amado trono. El molesto bichejo llegó a la celda de la Reina de la Noche el mismo día en que esta fue encarcelada, y, sin demora, comenzó su molesta retahíla de aventuras que habría de vivir cuando ella fuese el hada más poderosa de todas. Sorprendentemente, la Reina de la Noche (conocida por su más que notoria falta de paciencia) cogió a la hadita entre sus manos, la escuchó con atención y dedicó su tiempo a peinar sus cabellos con suavidad. No soportaba su chirriante voz taladrándole los tímpanos sin descanso, ni siquiera le caía bien, pero se esmeró por mimarla como nunca hizo con su propia hija. La soñadora le cogió especial cariño.
Apenas unas horas más tarde, no llegaría a un día completo, todos los seres encerrados en las mazmorras comenzaron a sentir un calor horroroso, notaban cómo la temperatura subía a cada segundo que pasaba, y vieron con horror cómo comenzaban a abrirse grietas en el suelo de las que salían géiseres de lava. Ya perdida toda esperanza de que fuesen a sacarlos de allí, apareció uno de lo súbditos de la tirana… ¿para sacarlos? ¡Já! Malditos infelices…había ido sólo para regodearse al ver su final, para anunciarles que sus vidas estaban llegando a su fin, y que lo harían de la forma más inhumana: asados poco a poco en los hornos en los que se habían ido convirtiendo sus celdas. Las palabras del viejo de blanco quedaron atragantadas en su garganta justo antes de salir. Con cara de espanto, miró hacia abajo y vio un puñal atravesando su cuerpo y aún tuvo tiempo, antes de caer muerto, de ver a un joven y apuesto humano robando las llaves de su cinturón y abriendo las celdas. Lo que pasó al humano, a la Reina de la Noche y al resto de los presos, y cómo escaparon no tiene mucho que ver con la historia de la pequeña soñadora, así que obviaré esa parte.
Una vez recuperada la movilidad de sus alas largo tiempo entumecidas, la pequeña pixi emprendió el vuelo hacia tierras lejanas, sin rumbo fijo, huyendo de lo que en los dominios de palacio de acontecía. Largos años viajó atravesando galaxias, universos enteros, miles de soles y lunas que dejó atrás….o acaso fueron unos segundos los que estuvo en el aire y la trasladaron a otro lugar, quién podría decirlo. Hizo de sus harapientos trapos un lujoso vestido, y convirtió una ramita cualquiera, del tamaño de un alfiler, en su poderosa varita.
Anduvo de esta guisa de bosque en bosque, contando las aventuras de cómo ella sola se convirtió en el hada más poderosa, los detalles de su triunfal huída de las cavernas del infierno, y los miles de monstruos a los que había  derrotado desde entonces, añadiéndoles cabezas y ferocidad con cada nuevo oyente, y sin olvidarse nunca de mencionar a la bella dama de la Noche. Estaba un día contándose, por falta de un oyente mejor, esas mismas historias a sí misma, parloteando entre los arbustos alegremente y sin descanso, sin importarle que nadie la estuviese escuchando, cuando algo muy feo, muy grande y muy feo (es que era verdaderamente feo) cayó a unos centímetros de ella, haciéndola interrumpir su perorata, chillar y dar un brinco del susto, y esconderse entre las hojas. Al cabo de unos instantes, y no soportando su propio silencio, asomó la cabecita por entre las hojas del arbusto y, viéndose fuera de peligro, se acercó, varita en ristre, al pobre bicho que gimoteaba malherido en el suelo.
-Soy una pixi, pero me he convertido en el hada más poderosa de todos los tiempos y he matado a muchos como tú, y más grandes, y con más cabezas- informó a modo de saludo, apuntando al ojo de la bestia con su palito de madera. A continuación, se acercó valientemente al monstruo y sacó de un tirón la astilla que llevaba clavada entre las plumas que cubrían su cuello.
Malherida como estaba, la harpía (pues era una harpía) graznó de dolor, provocando un nuevo brinco, un nuevo chillido, y que la pequeña pixi huyese despavorida hacia su querido arbusto. Nuevamente aburrida de su propio silencio, volvió a asomar la cabecita por entre las hojas, confirmó que el bicho no se había movido del sitio y se acercó otra vez a él, apuntándole con su astilla. Cuando tuvo claro que no tenía intención de comérsela, se sentó delante de ella, cruzó las piernas, y comenzó su interminable palabrerío sobre las aventuras que decía haber vivido, su heroica escapada de las fauces de la muerte y de cómo todos la aclamaban y vitoreaban por sus incontables hazañas.
La harpía, que la miraba fijamente pero apenas la escuchaba, y que durante toda su vida había buscado su lugar en el mundo, pues era rechazada por el resto de las de su especie, tuvo una idea surgida de uno de los desvaríos de la pixi. Sin pensarlo un segundo, tomó en su pico, con delicadeza, el sucio y raído vestido de la hadita, que volvió a interrumpir su monólogo para chillar de miedo mientras se tapaba los ojos con sus dos manitas. Con cuidado, la depositó a su espalda, entre las alas, y emprendió el vuelo. Conforme fue ganando altura, también aumentó su velocidad, haciendo que la pobre y asustada pixi chillase de terror, agitando sus frágiles bracitos en el aire. Haciéndole caso omiso, el pájaro siguió subiendo eternamente, dejó atrás los soles, perdió de vista su mundo conocido y viajó directa hacia los Dioses. Por el camino, sus feas y sucias plumas se volvieron doradas, y su horrorosa cara era, de repente, hermosa. Había encontrado su lugar.
Por su parte, la pequeña pixi hacía rato que había dejado de chillar, maravillada por el cambio que sufría su montura. Tan admirada se quedó, que no se dio cuenta de que sus propias alas ya no eran opacas, sino translúcidas y brillantes. Su desastroso vestido era ahora tan delicado como ella, echo de fina seda azul y pequeñas lágrimas de cristal. La astilla que portaba en la mano se había convertido en una hermosa varita con el poder de las estrellas, y su hermoso cuerpecillo vibraba con la magia de la más poderosa de las hadas.
Habiendo héroes y heroínas, escapadas milagrosas y una descomunal batalla que luchar entre seres de todos los reinos, seres de las sombras y la propia Reina Blanca, yo cuento la historia de un hada loca. ¿Por qué mencionarla, si no ha realizado ninguna heroicidad? Para mí ella es la heroína del cuento, la que merece el libro entero, pues las otras se enfrentaron en una guerra casi imposible de vencer, pero ella venció en la batalla más difícil de todas, la que poca gente es capaz de batallar: luchó por su sueño y, lo más importante, lo consiguió.
                                                                                                                           



**La historia en verdad no es mía, es un fragmento de un libro que he leído y que he modificado ligeramente (bastante muy mucho) para añadir el final, por eso no doy detalles sobre prácticamente nada.   

martes, 6 de septiembre de 2011

Prêmio Sunshine Award

Muchas gracias a Pablo L. por darme este premio, ya que es el primero que recibo y me hace mucha ilusión este pequeño reconocimiento por mis escritos. Espero ir mejorando poco a poco. ^^


Para este premio:
- Anunciar el premio en la entrada
- Poner el link del blog que se los otorga
- Reotorgarlo a 10 blog's
- Poner el enlace a los 10 blog's
- Avisar a los ganadores

Y los premiados son...
  1. http://jackredfield.blogspot.com/
  2. http://porverelcolordelcielo.blogspot.com/
  3. http://elmekia.blogspot.com/
  4. http://elexpresodelasochoymedia.blogspot.com/
  5. http://anyraluna.blogspot.com/
  6. http://alvuelodelapluma.blogspot.com/
  7. http://atadaatimesientolibre.blogspot.com/
  8. http://magosdelamusica.blogspot.com/
  9. http://blog1-spike.blogspot.com/
  10. http://spike-misilencio.blogspot.com/

domingo, 28 de agosto de 2011

Pequeños detalles que te hacen feliz


Por mucho que nos concentremos en buscar la felicidad, la vida siempre va a ofrecernos momentos de tristeza, soledad, angustia, rabia…son momentos en los que creemos que quedaremos estancados en ese sentimiento para siempre, que ya nada ni nadie podrá sacarnos de ahí,  y eso, nos entristece aún más.
Buscamos la felicidad en la grandeza, en tenerlo todo, en no necesitar nada. La buscamos en el amor, la pareja perfecta; la buscamos en los amigos perfectos, esos que nunca te fallan y que jamás podrían cometer un error, pues dejarían de ser amigos por no habértelo dado todo; la buscamos en la aprobación de la gente, de todo el mundo, sin darnos cuenta de que nunca podremos tener contento a todo el mundo, que cuando alguien te diga “esto me encanta”, automáticamente habrá otro que diga “¡Dios mío, qué cosa más fea!”. Buscamos la felicidad en hechos generales, en cosas que abarcan mil cosas más, pero sin tener en cuenta esos pequeños detalles que son, en definitiva, los que al final consiguen hacerte feliz…los despreciamos por ser pequeños, por ser insignificantes y por no significar un hecho gigante en toda su plenitud; nos olvidamos de ellos porque por sí solos no son nada, no abarcan la grandeza, no son un todo.
Y, sin embargo, están ahí, en el día a día, en cada persona y en cada acto que realizan. Se esconden entre montones de escombros de tristeza y amargura, entre lagos de miedo y soledad. Son apenas una estrellita de luz tenue en un firmamento vacío de ellas, por lo que es muy fácil pasarla por alto entre tanta oscuridad. Pero ahí está. Ahí brilla suavemente, con miedo a apagarse entre tanta oscuridad, con terror a perderse en el olvido sin que tú te hayas dado cuenta siquiera de que existe y, aún así, por ti brilla un poco más, para darte una oportunidad para que la veas.
“Es apenas un minúsculo punto de luz en medio de la nada…ni siquiera es capaz de alumbrar este firmamento oscuro por sí sola”. Qué fácil es pensarlo, darlo por hecho y ya está, ¿verdad? Nunca se te ocurriría acercarte un poco y fijarte en su luz; no te das cuenta de que si la ves tan pequeña y atenuada es porque estás muy lejos, que lo que tú ves como un puntito en el firmamento es en verdad un fulgurante haz de luz que te cegaría si lo mirases fijamente desde miles de kilómetros de distancia, que es un sol en la distancia. No lo ves claro y lo desprecias.
¿Y si probases a acercarte? Es tan solo un punto de luz en la totalidad del universo, sí…pero ahí está, y brilla sólo para ti, sólo para tus ojos. Se te abren dos caminos: olvidarte de él y esperar a que se apague y aparezca un verdadero foco delante de ti, o intentar llegar a él, buscar su significado y descubrir que, poco a poco, ese puntito va creciendo hasta convertirse en un haz luminoso, que junto a él hay más puntitos, decenas de ellos, que poco a poco irán creciendo para formar decenas de haces rodeados de centenas de puntitos. Si te acercas lo suficiente, encontrarás tu foco. Puede que no sea tan grande como esperabas, ni tan luminoso como creías que debía ser, pero ahí está, brillando para ti cada día un poquito más, despejando la oscuridad de la que no querías salir.
Nos esforzamos en buscar la felicidad en las cosas grandiosas, en conjuntos que forman un todo, en sentimientos enormes que suelen abarcar a otros sentimientos más chiquititos; no queremos darnos cuenta de los pequeños elementos que forman la “grandiosidad”, no nos fijamos en los detalles que dan lugar al todo y desechamos los sentimientos más modestos que acompañan al enorme, a pesar de que van íntimamente ligados. Nos esforzamos en acabar el puzzle, pero sin tener en cuenta las piezas que lo forman.
Yo encontré un resquicio de felicidad en una antigua libreta, en los pequeños detalles que la forman, y me fijé en cada pequeño puntito de luz para olvidarme de la oscuridad que me rodea. Sigo rodeada de malos sentimientos, sí, pero sé que siempre podré contar con este foco de felicidad cuando la oscuridad luche por engullirme, y sé que la luz será más fuerte.
Hoy me gustaría invitaros a todos a buscar vuestro minúsculo puntito de luz del día y compartirlo conmigo. Quizás os deis cuenta de que habéis descubierto un pequeño remanso de esa felicidad que tanto ansiabais encontrar.
Hoy me gustaría invitaros a repetir mis palabras: “este pequeño detalle ha hecho que me sienta feliz”. Quizás descubráis que, a pesar de todo, lo decís porque es verdad.

viernes, 26 de agosto de 2011

Lágrimas que no merecen la pena


Había puesto música para entretenerme un rato cuando, en un momento dado, empezó a sonar una canción. No es que me guste especialmente, ni que sea sentimental, ni que signifique nada para mí, simplemente, me recordó a un amigo cantándola con la guitarra y sentí la necesidad de escucharle cantar.
¿La diferencia entre la cantante y él? Que, por alguna razón, siempre acabo llorando cuando lo escucho a él, sea cual sea la canción…o casi.
Me di cuenta de que se me había llenado los ojos de lágrimas debido al deseo, a la necesidad de escucharlo cantar. Solo que no era sólo eso.
Al recapacitar sobre ello, me fijé que ya me sentía algo triste desde antes (toda la tarde, de hecho), y no lo había notado. La añoranza que me produjo la canción no era más que el detonante de una bomba ya preparada.
Me puse a pensar, pues, en la razón de mi estado: ¿qué había estado pensando durante toda la tarde?  Más de  una respuesta acudió a mi mente.
En primer lugar, la soledad en la que me siento inmersa pues, a pesar de haber vuelto al pueblo con mis padres para pasar el fin de semana, a pesar de que siempre puedo contar con mis amigos, a pesar de estar rodeada de gente, echo de menos el cariño y las caricias que sólo un novio puede darte. No suelo pensar mucho en esta, por lo general el cariño de mis amigos me es más que suficiente para sentirme bien, completa…pero la tarde anterior vi algunas fotos de mi prima con su novio y sentí algo de envidia, aunque no le hice mucho caso. Ahora sé que todo empezó ahí.
En segundo lugar, también a raíz de esas fotos, había empezado a sentirme mal conmigo misma, con mi cuerpo. Volvía a ser consciente de la celulitis en mis piernas, de mi barriguita y de que estoy empezando a ganar peso otra vez, desde que dejé el gimnasio. Sentí rabia, porque nunca quise dejar de ir, ya que me hacía sentir bien, viva; sentí rabia porque ahora no puedo ir…aunque entiendo el porqué.
Me siento frustrada y desesperada, pues intento pensar en otras formas de hacer ejercicio, pero ninguna me convence: para salir a patinar dependo de mis amigos (estoy aprendiendo aún), y no siempre pueden; si salgo a correr, me ahogo en 5 minutos, por lo que no puedo continuar, y todo lo que he intentado por casa, por mi cuenta, me aburre y desanima mucho porque lo hago sola (lo he intentado más de una vez y, a veces, me deprimía tanto que acababa llorando). Podría cambiar de gimnasio, sí, pero los que me pillan cerca, o son demasiado caros, o tienen tarifas reducidas para actividades concretas u horarios que no me vienen bien. Además, echaría de menos (ya echo de menos) a la gente y los monitores del que acabo de dejar.
Y no se me ocurren más opciones.
Siento que mis piernas me piden movimiento, que mi cuerpo entero necesita moverse, cansarse, sudar…y siento que me estoy pudriendo por dentro, sin salir de casa, tirada en el sofá todo el día, con un dolor de espalda que había menguado y que ahora va en aumento día a día.
¿Siento algo más? ¿Hay alguna otra razón para que una simple canción me haya llenado los ojos de lágrimas y el corazón de añoranza? Creo que no…o al menos no consigo verla.

martes, 23 de agosto de 2011

Tras varias horas intentando dormir.


Me había acostado bastante tarde pero, aún así, no conseguía dormir, pues no me sentía cansada en absoluto, por lo que dejé mi mente vagando a sus anchas.
Tras un rato de pensamientos inocuos, me vino a la cabeza la que, hasta hace poco, era amiga mía. La echo de menos. Me sentí triste, pues han sido mucho años de amistad, una amistad que se ha roto por una cabezonería (una detrás de otra), por orgullo y por no saber escuchar (y la falta de confianza que eso conlleva). Me enfadé con ella, sentí cómo la rabia crecía dentro de mí y me llenaba los ojos de lágrimas. ¿Por qué tiene que ser siempre tan cabezona? ¿A qué viene tanto orgullo? ¿De verdad la amistad  significa tan poco para ella, que antepone su orgullo y su “dignidad” a una amiga?
Yo podría arreglarlo, sé cómo hacerlo: basta con que (a sus ojo) me “humille” yo y vaya a hablar con ella…no me importaría, lo haría de buen agrado, sin pensarlo dos veces, si no fuese porque creo (estoy segura)  que no cambiaría nada. Hablaríamos con normalidad, saldríamos por ahí y se vería una relación bonita, sí…pero la conozco, sé lo rencorosa que es, que las guarda todas y busca el momento adecuado para podértelo echar en cara, aún cuando se supone que es algo que te ha perdonado. Ya lo ha hecho otras veces antes, y con cada una de esas veces (y otras situaciones), ha ido perdiendo poco a poco mi confianza.
Sé que podría solucionar las cosas con ella, sé que todo podría ser como antes…pero no confío en ella y no tengo necesidad de volver a sufrir su pérdida, y sé que tarde o temprano ocurriría otra vez.
Intenté dejar de pensar en ella, alejar mi mente de esa añoranza, y volví a dejarla ir.
Supongo que será porque ya había comenzado con los pensamientos negativos y me cuesta mucho pararlos pero, después de ella…llegó él, la razón por la que todos mis miedos están a flor de piel, el chico que se obsesionó conmigo antes de conocerme.
Reviví cada momento con él, la falsedad, la hipocresía…y cómo el miedo empezaba a apoderarse de mí en los días anteriores a romper con él.
Y me sentí estúpida porque, a pesar de todo, de una manera u otra puedo entender que sea así, cómo actuó después. Me sentí estúpida porque me veía cruel a mí misma, porque denunciándolo estaba anteponiendo mi bienestar al suyo. En aquél momento tenía claro que era eso lo que tenía que hacer, pero ahora no puedo evitar sentirme mal.
En verdad no creo tener la culpa de nada, ya que intenté hablar con él en todo momento para que no hubiese malentendidos…
Supongo que en gran parte me sentía tan mal porque ya estaba afectada por lo de mi amiga.
Una vez más, intenté sacarlo de mi cabeza. No me sentía especialmente mal, así que me resultó fácil decidirme por el mejor método para volver a sentirme bien.
Funcionó.